Oscuro

Otro día memorable apareció de nuevo contra todo pronostico. Por la mañana el mar estaba poco mas que como un lago. El viento, prácticamente inexistente. Dándolo por perdido, me dedico a ver un par de documentales de The Century Of Warfare para después continuar con mi campaña del Warcraft III, que lo compré el otro día en MediaMarkt por diez euros. Dan las tres y cuarto y todavía no hay signos de que vayamos a comer en casa. En eso que me levanto, me asomo a la ventana y veo que el día se ha tornado gris, y que sopla un fuerte viento. Las olas están rompiendo contra las rocas. ¿¡Como!? ¡¿Pero… hace cuanto tiempo!? ¡Por dios! ¡Y yo aquí matando orcos! Una llamada breve, oye que no me esperéis para comer, que me voy al agua, una tostada con sobrasada rápida al cuerpo, me pongo el traje, cojo la tabla y a la playa. El pulso se me acelera… El cosquilleo en el estomago…

La estampa es preciosa. El mar desordenado, el cielo gris, viento. Conozco el mar cuando esta así. Mucha corriente por abajo. En una playa desconocida, no me hubiera metido estando solo como estaba. Apenas el agua te llega a la rodilla y ya notas como una fuerza que casi te impide estar correctamente de pie te intenta arrastrar hacia adentro. Evalúo la situación. Adentro. Cagüentó, hoy no hay quien ande. A remar. Poco a poco las olas dejan de romperme en la cabeza y consigo pasar el punto de rompiente. He intentado corregir mi rumbo según entraba, pero aun así la corriente me ha desplazado mas de lo que deseaba. Se que es esta zona. Si salgo de aquí, un poquito mas al sur, la corriente casi desaparece. Ademas, es ahí donde están rompiendo las olas mas limpias.

Como he dicho el mar esta desordenado. Las olas mas grandes y definidas se mezclan con las producidas por la corriente, que choca contra la playa y contra las dos zonas de roca que cierran la bahía. Un caos. Pero las olas grandes, son grandes. Como esto de dar dimensiones a ojo de buen cubero no tiene mucho sentido, diré de nuevo que eran… muy grandes, para ser mi quinto día. En estos días he aprendido que la primera ola la tengo que esperar con calma. Nada de remar a lo loco a por la primera que vea. Me siento. Observo cuanto me desplaza la corriente y hacia donde lo hace. También me he hecho un pequeño experto en triangular mi posición. Cuatro puntos en la costa, alineados dos a dos, me ayudan a mantener mi posición detrás de la zona de rompiente. Sigo esperando. Son grandes, y grises. Ahora, ¡rema!

Esa tarde, por primera vez sentí lo que es deslizarse por la pared de la ola. Hasta ahora solo había conseguido remar y ponerme de pie sobre la tabla manteniendo la misma dirección de la remada hacia la costa. La ola rompía detrás de mi, o sobre mi, y yo me quedaba surfeando la espuma hasta la orilla. Cierto es que las olas en esta playa son un poco puñeteras, por que o son muy grandes, para mis estándares, o rompen prácticamente de manera simultanea en toda su longitud. Cosas de la arena. Bueno, a lo que iba, que en esta tarde de mar desordenado, las olas eran lo suficientemente grandes como para poder ponerme de pie, virar a derechas, y recorrer la pared unos segundos antes de que la ola rompiese completamente, momento en el que orientaba la tabla hacia la orilla y seguía surfeando la espuma. Una vez mas, la sensación es indescriptible. Recuerdo especialmente la primera ola. Remo, siento que la ola me empuja, veo lo bajo que esta el mar delante de mi, pienso que como siga recto me voy a meter un piño impresionante, veo que enfrente de mi, a la derecha, la ola sigue limpia, inclino el peso, y allí voy… Una sonrisa de oreja a oreja. Estoy haciendo surf.

Entré en el agua a las cuatro. A las cinco y media se pone el sol y a las seis es casi de noche, pues las montañas cercanas matan la luz rápidamente. A eso de las cuatro y media, veo que alguien con su tabla de surf aparece en la arena. Genial, compañía, pienso, pero el buen hombre duda. Deja la tabla en la arena, se acerca al mar, lo mira con desconfianza, se sienta, se levanta, se sienta, y se marcha por donde había venido. No se si le parecería demasiado, o demasiado poco, pero el caso es que ahí me quedé de nuevo, solo.

De repente veo que algunos paseantes llevan paraguas. ¿Como? ¿Esta lloviendo? Pues aquí dentro no, pero la verdad es que tiene un pinta de tormenta que se mata. Yo sigo con mis olas. La tercera también fue muy buena, si señor. Ahora bien, hoy la diversión tenia su precio, pues volver a entrar no me resultaba del todo fácil. Al cabo del rato, el sol se puso y, ahora si, empezó a llover. Que sensación. La playa desierta, el mar gris, sin sol, lloviendo y yo ahí en medio viéndolo todo en primera fila. Venga, una ola mas…

Continuará…



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