Galias

Es difícil de comprender lo que vale una ola. Es difícil de comprender. Todavía estoy cansado, tengo el gemelo hecho polvo por un tirón de la tabla en una caída, tengo un corte en el empeine cortesía de una de las aletas, tengo la frente quemada por el sol y los hombros listos para un buen masaje. Estoy cansado. Sin embargo se que mañana volveré a coger el coche y volveré a conducir una hora hasta esa playa solitaria, hasta esa ola.

Esto esta siendo una buena experiencia. Lejos queda mi bahía; lejos queda asomarme al balcón para ver las olas; lejos queda bajar andando a la playa con el traje puesto. Google Earth ha resultado un buen aliado. La verdad es que sin una vista satélite me hubiera costado esto muchísimo mas. Localizar una playa con la orientación adecuada, no demasiado lejos de aquí. Y los accesos. Todo el mundo sabe que los kilómetros gallegos miden mas que los del resto de España, pero de sus accesos a las playas nadie habla. Os juro que llevo una brújula en el coche para medio-orientarme entre los bosques de eucaliptos, porque aquí ni GPS, que por cierto no tengo, ni nada, pues yo diría que el 75% de los caminos están sin cartografiar. Y por supuesto los carteles brillan absolutamente por su ausencia. Aquí todo esta clarísimo para el paisano que vive en el concello, pero el foráneo puede flipar rápidamente. Menos mal que tras ocho años viniendo a estas tierras ya estoy curado de espanto.

Me decidí por una playa. Esta relativamente cerca de una carretera nacional, así que no podía ser demasiado difícil llegar. La previsión no era excesivamente brillante, pero yo no necesito nada más. Un metro, y la dirección adecuada. Además el día anterior había estado volando sobre esa playa y con la misma previsión las olas rompían a lo largo de toda ella; y es que el Atlántico no es el viejo Mediterráneo. Tras más de una hora de coche creo localizar el camino de cabras que accede a la playa. Tras varios kilómetros por el llego a un pequeño aparcamiento de tierra en el que hay un par de coches. Delante de mí se extiende una playa de arena blanca de no menos de tres kilómetros de longitud. Y las olas… Cierro el coche y me acerco hasta la orilla por un camino de madera. Estoy nervioso. Las olas que desde lejos parecían olitas resultan ser mucho más grandes de lo que yo esperaba. Cagüentó. La playa esta desierta. No hay nadie a la vista y la marea acaba de subir.

Las mareas son algo nuevo en mi surf. El Mediterráneo no tiene mareas. He intentado leer algo al respecto en internuez, pero lo único que he sacado en claro es que algunos sitios funcionan mejor con marea alta, otros con marea baja, otros solo durante un par de horas con la marea subiendo, etc… Como no tenia ni idea de como estaría el tema en esta playa en cuestión, simplemente cogí el coche y fui, eso si, habiéndome estudiado las mareas para el día. Como he dicho llegue con marea alta y flipé. De nuevo esto no tiene nada que ver con el Mediterráneo, en el que te metes en el agua sin mayor problema casi cualquier día del año. Aquí la corriente a medio metro de la orilla era considerable. Se veía claramente desde fuera. También se veía que la profundidad aumentaba una burrada en los primeros metros. Se veía cuando se retiraba el mar, creando un vacío de agua que rápidamente era ocupado por una ola enroscada que explotaba literalmente en la orilla. Detrás, tras esa primera barrera de olas, estaban las espumas, provenientes de las olas de verdad, que rompían bastante mas adentro. Me quedo acojonado. Vamos, ni de coña me meto yo aquí solo. Sin conocer la playa, sin conocer el fondo, sin nadie a la vista. No me da miedo el mar, pero siempre hay que respetarlo. Siempre, o te puedes llevar un buen susto.

Me siento en la arena y observo el mar. Observo las olas, como rompen, cada cuanto vienen, hacia donde van, hacia donde va la corriente. Estoy totalmente convencido de que ahí no puedo entrar. No sin que alguien entre delante de mí. Pasados quince o veinte minutos me doy la vuelta y vuelvo al coche. Desde el aparcamiento las olas vuelven a parecer preciosas y accesibles… Arranco y vuelvo a la carretera. Voy a investigar otra playa que también tenia localizada en el satélite jeje. Esta vez la carretera se separa de la costa y no paso ningún desvío indicando la playa. Se que me he pasado. La playa esta antes de esa montaña. Doy media vuelta. Esta vez, en sentido contrario, veo un cartelito artesanal que indica en un desvío praia. Como no tengo nada que perder, lo tomo y comienza la aventura gallega. En menos de un minuto estoy en medio de un bosque, por una carretera a duras penas asfaltada en la que dos coches tendrían problemas para pasar simultáneamente. Los desvíos se suceden uno detrás de otros sin la menor indicación mientras yo intento mantenerme en la “vía principal”. Hace rato que he sacado la brújula de la guantera. Tras mas de diez minutos así llego a lo que podríamos llamar una aldea; un par de casas por aquí, otra allí… y veo que la carretera desciende. Bueno, seguro que la playa esta abajo. Con mas fe que otra cosa sigo conduciendo hasta que veo un cartel que pone “chiringuito”, así, sin mas. Como en mi tierra los chiringuitos suelen estar en la playa, sigo. Al rato la “carretera” termina. A mi derecha hay una edificación que doy por supuesto será el chiringuito. Delante de mí, a cien metros monte a través, esta la playa.

Ya son las tres y pico y comienzo a tener hambre. Cojo la mochila, el gorro y el agua y bajo a investigar. Esta playa me gusta menos que la otra. Tendrá poco más de un kilómetro, es curva y tiene bastantes rocas. La marea va bajando poco a poco, pero todavía esta alta, y la corriente en la orilla es fuerte, o por lo menos a mi me lo parece, y cada vez que el mar se retira, veo las rocas del fondo… Me siento y me como el bocata hábilmente preparado para la ocasión. Doy un paseo por la orilla y vuelvo al coche. Brújula en mano, mirando la posición del sol y de la montaña más próxima, emprendo la aventura de volver a la carretera principal. Esta vez me cuesta más que antes, que ya es decir. Intento recordar los cruces por los que he venido. En dos ocasiones me toca dar marcha atrás al darme cuenta de que no era por ahí. Se que manteniendo esta dirección general tarde o temprano llegaré a la carretera, pero manda huevos… Al final llegué y decidí volver a la primera playa, cuyo acceso me pareció digno de mención en comparación con el otro. De nuevo dejo el coche y bajo a la playa.

La marea ha bajado considerablemente y el mar parece ahora mucho más accesible. Nervioso, me siento. Lo observo. Las olas. La dirección. Me quito la camiseta y me meto en el agua. La corriente se nota, pero se puede entrar. El agua esta fresca, pero menos de lo que esperaba. Avanzo un poco y veo y siento las olas en directo. Se puede entrar, se puede entrar sin problemas. Salgo, me seco y vuelvo al coche, que dicho sea de paso, esta a cinco minutos andando, cuando me encuentro por el camino a una pareja de germanos, el y ella, con sendos tablones bajo el brazo. ¡Cual es mi alegría! Como aspecto de iberos no tienen, les pregunto si hablan español, a lo que responden negativamente. ¿Ingles? Si, ingles si, así que les cuento mi historia y les pregunto si conocen la playa. Me dicen que ayer estuvieron aquí, que efectivamente la corriente va hacia la derecha y que si soy experto las mejores olas están al este, pero que hay rocas sumergidas… ¿Experto? Están flipando. Les digo que ni de coña, que yo siempre estoy aprendiendo y que voy al coche a por mi tabla.

Continuará…



2 Responses to “Galias”

  1.   curia Says:

    La madreee! Creo que me lo pensaria más de dos veces al tener que meterme por esos caminos y depender de la marea… Me quedo con mi maravilloso mediterrraneo. Disfruta y no te quemes! I.M.U.

  2.   aviator Says:

    Jeje eso intento, eso intento ;)

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