Invierno

Entre las vacaciones de invierno y las condiciones meteorológicas de los últimos dos meses, la verdad es que he volado más bien poco, así que aquí va otra entrada de agua salada. No me quejo, la verdad es que olas, ha habido.

Aquel día hacia frio. Bastante frio. Pasaban ya de las doce del medio día cuando leí el mensaje de Aldo -Tío, ¡vámonos a hacer surf! A la una salgo del curro y a la una y media paso por ti.

Un vistazo a la previsión. La verdad es que estaba muy bien. Un vistazo a la webcam de la playa. Tal vez demasiado bien. La parte de la bahía que se aprecia desde la cámara estaba repleta de espuma y el mar se había comido la mitad de la playa. Y frio. -Cagüentó. No me apetece nada salir de casa, y menos meterme en el agua, y menos tan tarde, y menos si vamos para nada… -Pero no podía dejar pasar esa oportunidad, así que me armé de valor, deje a un lado la pereza y pensé que como mínimo esto daría para una buena entrada en el blog.

Terminé de recoger cuatro cosas mientras se hacia la pasta que había puesto al fuego. Comí de pie, algo rápido y ligero. Unos dátiles de postre y al coche. Al final decidimos ir por separado, así que salí un poco antes, no fuera a ser que me echase para atrás jeje. Algo menos de media hora después giraba la curva que enfoca a la playa. Mi primera impresión fue -lo vamos a flipar-. La espuma de las crestas de las olas se veían por encima del volante de mi coche y eso nunca ocurre. Si a eso unimos el viento que soplaba y las montañas nevadas que me habían acompañado todo el camino, todo apuntaba a una sesión épica por estas latitudes.

Pare delante de la playa y bajé del coche. El viento de tierra arrancaba la espuma de las crestas de las olas que entraban en la bahía desde el noreste. Tal y como había visto en la webcam, el mar se había comido más de la mitad de la playa. Las olas entraban limpias y ordenadas. Incluso, y digo incluso, porque no es nada normal en esta playa, en la zona central de la misma, las olas rompían creando unos tubos bastante guapos.

A los pocos minutos llegó Aldo. Comentamos la jugada, observamos las olas y tras enfundarnos en los trajes y coger las tablas nos acercamos hasta la orilla. En un último vistazo el termómetro del coche marcaba 4ºC. Bueno, al menos dentro del agua estaríamos más calentitos que fuera jajaja, ya que aunque la temperatura del mar había bajado, todavía rondaba los 11ºC.

Entrar por la zona sur parecía imposible. Comenzamos a remar desde el centro ya que, aunque la experiencia me dice que no es el mejor punto cuando el mar esta tan grande, a simple vista hoy parecía practicable. Parecía, pero no lo era. Tras muchos minutos de lucha no conseguimos pasar la rompiente. Era la primera vez que Aldo se metía en esta playa, y él se vio arrastrado hacia el sur, donde como he dicho entrar es muchísimo mas complicado. Desde fuera nunca lo parece, pero la corriente es bastante fuerte en esta playa. Si yo no la conociese me asustaría. Cuando el mar viene del noreste, mete cantidades ingentes de agua en la pequeña y cerrada bahía, produciendo unas olas interesantes, pero también unas buenas corrientes. Al fin y al cabo, toda esa agua que entra, tiene que salir por algún sitio.

Yo me vi obligado a volver a la arena sin haber conseguido sobrepasar las olas rompientes. Bueno, puede parecer vergonzoso, pero la verdad, es lo más sabio. Siempre que tras un tiempo prudencial no puedo entrar, me doy la vuelta y desde la arena vuelvo a estudiar el mar, buscando la mejor zona para entrar. Aldo seguía luchando contra la corriente y contra las olas, en medio del mogollón de espuma, en la zona sur.

Sobre el mar no siempre es fácil generalizar pero, normalmente, existe un punto de entrada. En esta playa lo tengo más que localizado y es increíble lo bien que funciona. Eso sí, es un pasillo realmente estrecho, y en cuanto te sales, te pilla la corriente contraria, la corriente general y turbulenta que siempre acaba llevándote a la fiesta de la espuma del lado sur jajaja. Si te mantienes en el pasillo, y esperas el momento preciso entre las series de olas, notas literalmente como un chorro de agua te mete mar adentro, y con mi longboard soy capaz de cruzar hasta el punto de rompiente rápidamente, alguna vez incluso sin haberme comido ni una ola de frente. Eso sí, hay que tener paciencia y esperar el momento preciso. Si no, el revolcón está garantizado.

Bueno, pues al fin me vi sentado sobre mi tabla, mar adentro, literalmente disfrutando del vaivén de las ondulaciones que algunos metros más afuera rompían y se convertían en preciosas olas. Ahí quieto es cuando empecé a notar el frio que hacía. En la cabeza. -¡La madre que lo pario! -Normal, nunca llevo un casco de neopreno de esos, ni si quiera tengo uno, pues normalmente aquí no hace falta, pero ese día, hacia mucho frio… Aldo había conseguido entrar al fin, pero se encontraba mucho más al sur. Por supuesto he olvidado decir que no había nadie más en la playa, y mucho menos en el agua. Con gestos le indicaba que remase hacia mí, que la zona buen era esta. Cuando, de nuevo, pasados muchos minutos nos reunimos, ambos confirmamos que estábamos demasiado cansados para remar mucho más jajaja y todavía esperamos un ratillo antes de ir a por nuestra primera ola del día. Y es que el surf es paciencia.

Si al menos hubiera sido un día agradable para charlar, pero con la rasca que hacía, ¡casi era mejor remar! Total, que nos decidimos y a por la ola fuimos. Estaba claro que con lo que costaba entrar, había que elegir con cuidado la ola a remar. Debía ser de esas de, una ola, y hasta la orilla.

La ola no resultó fácil. El take-off era complicado. La ola crecía rápidamente y caía con mucha pendiente. El descenso era muy rápido y al llegar a la parte baja debías virar rápido a izquierdas para evitar que el labio te rompiera encima. Muy guapo. Mucho. Después, a volver a entrar…

No sé cuánto tiempo pasó, pero llego un momento en el que al comenzar a hablar, uno notaba que algo no marchaba bien. ¡De repente muchas de las consonantes habían desaparecido! Con la cara, la boca, los labios congelados ¡éramos incapaces de pronunciar correctamente! No pasa de ser una simple anécdota, pero nos sirvió para echarnos unas buenas risas ahí adentro, mientras seguíamos siendo mecidos por las ondulaciones del mar, observando las montañas nevadas a escasos cinco kilómetros de la costa. La verdad es que la experiencia estaba valiendo la pena, como siempre.

A las dos horas escasas ya no aguantábamos más. El traje de 4/3 mm va súper bien para el invierno en condiciones normales en esta zona, pero hoy hacia mucho frio. Realmente no era el traje, ni el agua, sino el viento en la cara y la cabeza con el pelo mojado.

-Oye, esta la última y nos piramos.- Como siempre, la última se convirtió en la penúltima, pero al final, helados, terminamos saliendo… Aunque solo sea por guardarlo en la memoria, me encanto ese día de surf. Me encantó la sensación de estar en el mar, con mi tabla, con las montañas nevadas a mí alrededor. Al final hicimos bien en ir, y me alegro de que Aldo me impulsara, porque yo solo, ese día, no lo hubiera hecho.



2 Responses to “Invierno”

  1.   Jokiller Says:

    Es una experiencia vital :) Una vez subimos al Tourmalet en bici, era Junio y… estaba lleno de nieve! Al bajar descubrí lo que era pasar frío, y desde aquél día no he vuelto a tenerlo, desde luego, no un frío como aquel. Gracias por compartir tu historia.

  2.   aviator Says:

    Un placer compartirla, como siempre :)

    Esa bajada en bici tambien debio ser buena jeje!

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